¿Qué es lo que realmente recuerda un cliente de un viaje?
¿Cuál ha sido esa experiencia que
tus clientes siguen mencionando
años después de haber regresado?

Hay una pregunta que me gusta hacer de vez en cuando.
Si hoy llamáramos a un cliente que viajó hace tres años y le preguntáramos qué recuerda de ese viaje...
¿Crees que empezaría hablándonos del hotel?
¿Del tipo de habitación?
¿Del horario del traslado?
Probablemente no.
Lo más seguro es que nos hablara de una experiencia.
Quizá recuerde aquella pequeña bodega en España donde terminó conversando con el dueño durante una hora.
O el guía que le explicó la historia de una ciudad medieval en Rumanía, de una manera que nunca olvidó.
O ese restaurante en Provenza al que jamás habría entrado por su cuenta.
Y creo que ahí hay una lección muy interesante para quienes trabajamos en esta industria.
Muchas veces dedicamos gran parte de nuestro tiempo a perfeccionar el itinerario, revisar horarios, confirmar servicios y comparar hoteles. Todo eso es indispensable.
Pero pocas veces nos preguntamos algo mucho más importante.
¿Qué momento hará que este viaje sea recordado dentro de cinco años?
Ahí es donde un gran operador local marca la diferencia.
No porque conozca más hoteles que nadie. Sino porque conoce personas. Conoce historias.
Sabe cuándo vale la pena desviarse unos minutos del recorrido para descubrir algo que ningún mapa recomienda.
Hace unos días hablaba precisamente de esto con Salvador Fernández de Camboya Increíble. Me decía algo muy sencillo:
"Nuestro trabajo no consiste en enseñar un destino. Consiste en hacer que el viajero conecte con él."
Y creo que esa frase resume perfectamente lo que todos buscamos.
Porque al final un cliente rara vez vuelve a una agencia porque el check-in fue rápido.
Un cliente vuelve porque siente que esa agencia entendió la forma en la que le gusta viajar.
Y esa confianza se construye gracias al trabajo conjunto entre un gran agente... y un gran experto local.







Comments